El reto era tan amplio como ambicioso: crear una aplicación móvil Android que sirviera para mejorar la vida de las personas, en los ámbitos de la salud, la educación y el bienestar personal. Sólo una condición: utilizar para ello la tecnología Snapdragon 625 de Qualcomm, co-organizadora del evento, que estaba patrocinado por BQ y Movistar.
El hackathon arrancó el jueves y duró hasta la mañana del viernes. La mayoría de los participantes (más de 300) pasó allí la noche; no había tiempo que perder. Todos ellos eran jóvenes de entre 18 y 30 años (la mayoría rondaba la veintena), atraídos "por la experiencia" y, para qué negarlo, por el atractivo premio que recibirían los tres proyectos ganadores: 5.000, 3.000 y 2.000 euros.
Este hackathon se distinguía por que los participantes conocían las condiciones del reto una semana antes. Por tanto, muchos habían trabajado en su idea con antelación. En otras ocasiones, los programadores llegan al maratón de desarrollo completamente a ciegas. La diferencia entre un formato u otro estriba en los objetivos que busque la organización. Dar a los jóvenes las instrucciones con antelación garantiza probablemente un mayor grado de desarrollo y una mejor calidad de los proyectos, mientras que los hackathones a ciegas permiten identificar a las personas más creativas y eficaces, y resultan ideales para la captación de nuevo talento.
Los hackathones, de todos los tipos, se han convertido en una fórmula bastante corriente de buscar nuevas ideas y talento joven. Esta misma semana, sólo en Madrid, la empresa de crowd engineering Ennomotive, en colaboración con IE Business School, Ferrovial y Endesa, ha organizado el primer hackathon de Europa para apps de Industria 4.0. Y, el fin de semana pasado, alumnos del British Council School de entre 10 y 16 años participaron en un hackathon sobre ciberacoso.
Pero volvamos a la iniciativa de Join. Las ideas que surgieron de esas 24 de trabajo fueron:
Todas ellas son buenas ideas, pero probablemente esté pensando en que muchas ya se le habían ocurrido a usted antes... En efecto, los jóvenes traen frescura a una organización; una nueva manera de entender la vida y el trabajo; un punto de vista diferente sobre la realidad que es absolutamente necesario para enriquecer al conjunto de un equipo. Ahora bien, si nos fijamos, los modelos de negocio más disruptivos hoy en día no consisten en productos y servicios verdaderamente rompedores, sino más bien en una combinación inédita de productos y servicios que ya existen.
Piense en Uber, Airbnb, Booking.com, Google... El valor de estas empresas es su capacidad para integrar soluciones y ofrecerlas al usuario de un modo simple, útil y atractivo.
La pregunta es, ¿se puede verdaderamente extraer ideas disruptivas de un hackathon? Sí, aunque hay que saber mirar. Sin duda existen detalles de diseño y conceptualización que pueden marcar la diferencia entre un producto de éxito y otro que cae en el olvido.
El verdadero reto para Telefónica, de todos modos, empieza después: ser capaz de integrar esas nuevas ideas en la organización, que den lugar, a través de una metodología de desarrollo ágil (la propia operadora habla del concepto lean elephant para referirse a este desafío), a una app que cumpla aquello para lo que se concibió: mejorar la vida de las personas.
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