Los médicos de familia atienden cada semana a 15.000 gallegos que no llegan a cruzar las puertas de su consulta, porque entran por teléfono. Unos 19.000 más han sido evaluados por un especialista en el último año desde el centro de salud, mientras el hospital de Santiago ayudaba a atender a pacientes ingresados con un ictus a varios kilómetros. Y es que hay medicina que se practica a distancia, y cada vez más, porque la tecnología está allanando de tal forma el camino que los profesionales se sorprenden de que sea tan fácil andarlo. Por eso, aseguran que esto solo es el principio y se preparan para entrar defnitivamente en las casas.
Será con el impulso al plan del Sergas que pretende hacer los hogares digitales, y que se está poniendo a prueba con una iniciativa que permite seguir la evolución de personas que reciben el alta con Epoc "enfermedad pulmonar obstructiva crónica" cuando ya están en casa. Es el programa TeleEpoc, estrenado hace solo unos días en el área de Santiago y que ya se ha comenzado a extender, apoyado en un dispositivo electrónico a través del que el enfermo responde a un cuestionario y se somete a mediciones, que pasan a su historia clínica electrónica.
«A idea é monitorizar eses pacientes e confrmar que, cando se fai, reingresan menos», porque «se poden detectar empeoramentos e controlalos a tempo», apunta Julio García Comesaña, subdirector xeral de Ordenación Asistencial e Innovación Organizativa del Sergas. Por eso, con la previsión de incluir en el programa a unas 500 personas al año, se vigila la evolución cada jornada y en las primeras se les llama a diario.
El Sergas piensa en otros proyectos «similares», aunque este es el más avanzado, y se suma a experiencias como la que desarrolla desde 2013 el complejo hospitalario de A Coruña para otra de las dolencias que centran los esfuerzos de la atención no presencial, la diabetes. En su caso se ocupa de quienes padecen la juvenil para realizar revisiones a distancia, aprovechando un programa que permite acceder en un ordenador a los datos de glucosa y bombas que descarga el paciente en casa.
Es el tipo de atención que puede facilitar la plataforma de comunicaciones del programa Fogar Dixital, que está en fase de licitación con la previsión de que este mismo mes se formalice el contrato. Como explica García Comesaña, servirá de «canle de comunicación» entre el entorno del paciente y los profesionales sanitarios, para recoger y trasladar la información sobre la tensión o la frecuencia cardíaca y el tratamiento. Además, puede permitir una comunicación «directa» con un facultativo.
Es el futuro de una telemedicina que, aunque ya tiene décadas, nunca había estado tan cerca de despegar. Y, como avanza, incluso está cambiando la terminología. Por eso, el Sergas ha rebautizado como 'e-interconsulta' la atención no presencial más extendida, esa en la que los médicos de familia trasladan un caso al especialista a través de su plataforma digital.
Todas las áreas sanitarias la utilizan en alguna de la veintena de especialidades para las que ya se emplea -de la cirugía vascular a la neurología-, aunque las más extendidas son dermatología y oftalmología. Sumadas todas, el Sergas contabilizó el año pasado entre 18.000 y 19.000 'e-interconsultas', que superan en un 8% las de 2012 y son cuatro veces más que las 4.400 de 2009. Y aún seguirán aumentando de forma «exponencial».
De hecho, en algunas áreas se convertirá en la vía de comunicación «case única» entre atención primaria y especializada. Ocurrirá de forma inminente con el dermatólogo en Vigo y el endocrino en A Coruña, de modo que, antes de enviar a un paciente al hospital, el médico de familia trasladará su caso al especialista con la 'e-interconsulta' y este decidirá si hay que derivarlo. Para ello, con el sistema que ya se usa ahora, tendrán en el ordenador la historia, los datos clínicos y hasta fotos o pruebas.
«Teleictus ya forma parte de la rutina; parecía más complicado de lo que es»
La telemedicina ha permitido al Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (Chus) salvar las distancias y, con ellas, la salud de muchos pacientes con ictus que ingresan en las urgencias de O Salnés y O Barbanza. Fue la opción que comenzaron a ensayar en 2 010 en busca de una fórmula para que esos enfermos no perdiesen en el tiempo del traslado a Compostela la posibilidad de recibir un tratamiento trombolítico de urgencia que puede reducir las lesiones. Y funcionó tan bien que el proyecto piloto se convirtió en permanente. Dos años después, Teleictus es ya una «rutina» que ha permitido atender a 31 pacientes.
«Al principio nos parecía que era mucho más complicado, pero es una técnica muy muy sencilla», explica Miguel Blanco, responsable de la Unidad de Ictus del Chus. Desde ella, los neurólogos responden a las alertas que envían O Salnés y O Barbanza cuando tienen un paciente que podría recibir el tratamiento fibrinolítico, y participan en su evaluación por videoconferencia, ven las pruebas y siguen la hora y pico de esa terapia especial. Después, el enfermo se traslada al Chus.
«Todos los pacientes se valorarán a distancia antes de ir al endocrino»
Empezaron en marzo de 2013 por el preceptivo proyecto piloto, y lo acabaron tan «animados» que el programa que conecta a médicos de atención primaria con el servicio de endocrinología del complejo hospitalario de A Coruña (Chuac) para resolver cualquier duda sobre los pacientes cubre ya toda el área sanitaria desde noviembre. Los profesionales de A Coruña se han convertido así en la avanzadilla de un sistema de trabajo que se prevé seguir extendiendo, fuera de esa área y también dentro.
De hecho, la jefa del servicio de endocrinología del Chuac, Teresa Martínez Ramonde, adelanta que en unos meses «probablemente todos los pacientes entren por esa vía» en sus consultas, de modo que antes de llegar a ellas serán evaluados a distancia aprovechando la 'e-interconsulta', una fórmula con la que muchos casos se resuelven ya en el centro de salud. Y es que esa comunicación pensada especialmente para la atención de los diabéticos resulta «sencilla» y «benefciosa para todos». Por eso, Martínez augura que esto «es solo el principio», y que facilitará al especialista dedicar más tiempo a «quien necesita del hospital». En la experiencia piloto -solo con tres centros de salud- las consultas presenciales en el Chuac se redujeron un 17%.
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