
Anxo Queiruga Vila. Presidente da Confederación Galega de Persoas con Discapacidade (COGAMI)
Ya es un hecho innegable que vivimos en una cultura auténticamente tecnológica. Viajamos con GPS, tenemos en nuestros bolsillos smartphones y las pantallas de los equipos informáticos son las ventanas de nuestros trabajos o negocios, de muchos espacios de ocio e incluso es habitual que nos comuniquemos con nuestros a través de ellas. Conceptos tan reales y complejos cómo “sociedad de la información” o “era digital” vinieron a ponerle nombre al inmenso impacto y trascendencia que las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) están teniendo en nuestras vidas: gestiones y trámites burocráticos sin salir de la casa, moverse por una calle a golpe de clic o multitud de tareas domésticas son algunas de las muchas actividades en las que el uso y manejo de las TIC pueden suponer numerosas ventajas.
Sin embargo, también es cierto que lo que se presenta como una beneficiosa herramienta para el acceso a oportunidades y para el ejercicio activo de nuestra condición de ciudadanos de esta sociedad de la información, también se puede convertir en una poderosísima arma de exclusión. Para entender este binomio, es preciso exponer que existen dimensiones de las TIC que habitualmente pasan desapercibidas para los principales agentes sociales que intervienen en su diseño, fabricación, comercialización y formación en su uso. Una de esas dimensiones es el hecho de que existen colectivos de personas para los que las TIC dejan de ser herramientas meramente facilitadoras pasando a convertirse nos únicos agentes que les posibilitan hacer tareas cotidianas de forma autónoma, esto es, sin ayuda de terceras personas. Este puede ser el caso de las personas con algún tipo de discapacidad, un colectivo para lo cual la línea que separa las TIC como productos de apoyo y las TIC como barrera es, muchas veces, demasiado estrecha.
Todas y todos sabemos que el ritmo de los avances tecnológicos es constante y rápido. Es raro el día que no aparezca en algún medio de comunicación alguna noticia relacionada con esta temática, pero… ¿podemos garantizar que la marea tecnológica que nos envuelve llega a todas y todos por igual?, ¿realmente pueden todas las personas acceder a las oportunidades que ofrecen las TIC?
La respuesta es desafortunadamente negativa. La experiencia de trabajo vivida en la Confederación Gallega de Personas con Discapacidad (COGAMI) a lo largo de más de dos décadas permite hacer una reflexión crítica fiel a la realidad de muchas personas con discapacidad física de nuestra comunidad autónoma en relación a las cuestiones expuestas.
Manejar un ratón de ordenador estándar, una tarea que aparentemente es tan sencilla, puede llegar a ser totalmente imposible de realizar si no tenemos la coordinación y movilidad voluntaria de nuestro miembro superior dominante en perfecto estado. El incluso puede pasar con nuestro teléfono móvil o con un teclado convencional, una circunstancia que altere nuestro funcionamiento corporal o mental puede llegar a convertir su uso en un verdadero reto. Y son muchas las personas para las que hacer la compra o hacer una gestión administrativa básica por internet es la única forma que tienen de hacerlo por sí mismas… o muchas también para las que la única posibilidad que tienen de acceder a un puesto de empleo es el teletrabajo. Por no hablar del cambio producido en la forma de relacionarnos, uno de los pilares básicos de nuestra esencia como “animales sociales” que somos. Actualmente las redes sociales, la mensajería instantánea o la videoconferencia son fórmulas de comunicación en auge, y todas ellas pasan por el uso de elementos puramente tecnológicos.
Es inconcebible que puedan quedar personas fuera de actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, del disfrute de oportunidades de trabajo o del tiempo de ocio por no disponer de las herramientas necesarias para poder hacerlo, por utilizar las inadecuadas o sencillamente por desconocer su existencia. Es responsabilidad de todas y todos que estas situaciones dejen de existir.
Desde COGAMI, tomamos esta responsabilidad como una prioridad de trabajo diario. Nuestra misión y valor fundamental siempre fue la plena inclusión de las personas con discapacidad en todos los ámbitos de la sociedad, y es una realidad que todo el relacionado con el que las TIC ofrecen, tiene una importancia muy relevante en la sociedad actual. En este sentido, son varias las necesidades y problemáticas que venimos detectando en este campo:
Desde COGAMI nos paramos detenidamente a analizar estas situaciones como necesidades no cubiertas y como tal dedicamos, en plena conciencia de concordancia con todo lo que nos define como entidad, esfuerzos, tiempo y energía para poner en marcha iniciativas que puedan llegar a cubrir estos agujereados que están provocando auténticas circunstancias de exclusión para las personas con discapacidad.
Así nacieron realidades como el aula Ocupacional de Nuevas Tecnologías para Personas con Grandes Discapacidades, situada en el Centro de Recursos para la Discapacidad de Fingoi, en Lugo. Es un recurso en el que personas con discapacidades en alto grado de afectación disponen de todos los productos de apoyo que precisan para poder acceder de forma autónoma a las TIC, teniendo además el permanente apoyo de esa red de profesionales ya argumentado cómo imprescindible. En el Aula Ocupacional de Nuevas Tecnologías de Fingoi Terapeutas Ocupacionales, Técnico Informático, Trabajadoras Sociales, Formadores y el resto del equipo de trabajo no entienden de brechas digitales, y la valoración de las necesidades existentes ponen en marcha una auténtica carrera de fondo por conseguir todo aquello que las personas con discapacidad se proponen.
Podríamos mencionar otros ejemplos tan claros como complejos de articular. Los cursos de formación a distancia hacen posible el acercamiento de las TIC a las personas con discapacidad que viven en las aldeas, en una Galicia eminentemente rural en la que las oportunidades de participación activa en la era digital se convierten a veces en auténticas utopías para las personas con discapacidad que viven alejadas de los núcleos urbanos.
Pero queda sin duda mucho que hacer. Tenemos que lograr mermar las dificultades con las que se encuentran las personas con discapacidad a la hora de acceder al producto de apoyo que precisan. Esas barreras económicas, de desconocimiento o información inadecuada y de falta del entrenamiento y del apoyo profesional acomodado necesariamente tienen que tender a desaparecer. En este sentido, se está brotando en COGAMI la idea de una nueva iniciativa que intentará cubrir todas estas necesidades en un servicio integrado y de calidad. Se trata de un servicio de asesoramiento específico y préstamelo de productos de apoyo para personas con discapacidad, en el que los productos de apoyo tecnológicos cobrarían gran importancia y en el que el apoyo por los profesionales idóneos para cada situación y necesidad estaría garantizado. Estamos comenzando a labrar este camino, buscando las herramientas y la ayuda que necesitamos para que podamos comenzar a caminar por él.
Y rematar invitando a las lectoras y lectores a reflexionar sobre un ejercicio muy sano que no se encuentra en ningún gimnasio: la empatía. O dicho de forma coloquial, lo de ponerse en el lugar del que tienes enfrente, a un lado, de la otra persona. No nos enteramos de que estamos destacando los aspectos negativos de las formas diferentes que tenemos de funcionar, de la diversidad. Y como agentes sociales que somos todas y todos, es responsabilidad nuestra que esto cambie. Cómo dicen por ahí… las diferencias no hacen la diferencia.
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